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“Enjoy my cereals!”

12/04/2013

A.H. se ha ido. Creo que para siempre. Ha sido extraño, porque me ha robado un abrazo al despedirse: se ha sentado en el borde del sofá y ha gritado “huggy bear!” y me ha apretado contra ella. Eran las 7:25 AM. Por supuesto, yo ya estaba despierto. A la verbena que monta en un día normal desde que se despierta hasta que se va a la oficina (baja por la escalera de hierro, se tropieza, tira algo, empuja la puerta del baño como si fuera una puerta giratoria, grita un poco cuando nota que el agua de la ducha está demasiado caliente y otro poco cuando se le acaba el termo y se vuelve gélida, se aclara la garganta mediante escupitajos poco discretos y que, supongo, lanza decidida a la bañera, tira de la cadena -que en mi casa ese ruido va acompañado de un triturador de heces eléctrico que arma un buen escándalo por sí solo-, enciende todas las luces que se encuentra a su paso, desayuna, anda con tacones por el salón, a centímetros de donde yo trato de dormir sin éxito, coge las llaves, se le caen las llaves, abre la puerta después de tres intentos, cierra con portazo, etc.), hoy le ha añadido el hacer la maleta. Un disparate.

Yo hablo muy bien inglés. En mi CV pongo que soy bilingüe y si la conversación es entre un nativo y yo, diría que en el 90% de las ocasiones estoy a su nivel de expresión. Añado este dato para explicar lo que creo que ha sido un malentendido. Cuando A.H. me dijo que se iba a Londres, pensé que solo se iba durante este fin de semana y que luego volvía. Sin embargo, se ha llevado las dos maletas, la ropa interior que ayer colgaba escuálida en mitad de mi salón y me ha dejado, en la encimera de la cocina, la otra copia de llaves que abren mi casa. Entiendo que no va a volver porque supondría un movimiento del todo extraño llevarse todas las cosas y dejar las llaves si tus plan es regresar. Quizás me dijo que se iba toda la semana y yo entendí solo durante el fin de semana. Quién sabe. De todas formas, yo no me fío. No de ella.

Al despedirse con un abrazo de osito (el “huggy bear!” que he mencionado antes) y que he tenido la suerte de que me pillara tumbado y de espaldas, me ha dicho: “Gracias por todo… ¡Y disfruta de mis cereales!”. La muy hijadeputa lo ha dicho con la voz que ponemos los que no tenemos corazón cuando queremos que la otra persona valore nuestra acción. La voz del que quiere promocionar su sacrificio. Lo ha dicho para hacerme creer, en el último suspiro de esta okupación no tipificada, que aquí hemos sido los dos los que hemos sacado tajada de la movida. En serio. “Enjoy my cereals!”, me dice la tía. “ENJOY MY CEREALS!”. Me he pasado media mañana poniendo mentalmente diferentes ritmos al “Enjoy my cereals!”. Es acojonante. “Enjoy my cereals!”. Me ha dicho “Enjoy my cereals!”.

Lo que no me ha dicho es que difrutara también del foiegras La Piara que compró el otro día antes de media noche en el Supercor de la vuelta de la esquina. Yo no como carne, así que si alguien lo quiere, que lo diga.

“Enjoy my cereals!”. La madre que la parió.