Loquillo: residuo tóxico

24/04/2018

loquillo-santander-20130302-06

Escribo estas líneas con la esperanza de que José María Sanz Beltrán, más conocido como Loquillo, las lea algún día, no importa cuándo.

El domingo pasado nos despertamos con una entrevista en El Periódico a medida del personaje, llena de titulares fáciles de comentar y debatir, de esas que acaban siendo lo más visto de la semana y que suelen dejar un inmejorable sabor de boca tanto para el entrevistado como para el entrevistador. Al final, el periodismo del siglo XXI parece ir de eso: de que la gente pique en masa.

Desde el momento en que me topé con las declaraciones de Loquillo he manifestado mi rechazo en redes sociales, con la necesidad de encontrar gente que compartiera mi opinión. Me tranquiliza haber leído más comentarios en la línea de lo que yo defiendo que en la contraria. Sin embargo, no han sido pocos los mensajes de apoyo a la actitud perdonavidas de Loquillo, un artista que lleva ya 40 años llenándose la boca de sí mismo y menospreciando de forma gratuita a individuales y colectivos que, en un funcionamiento normal del Sistema General de las Cosas, no piensan como él. Me sorprende que ningún compañero o compañera de profesión de su generación haya salido a pararle los pies, no solo por esta entrevista, sino por todo lo que ha ido soltando puntualmente, cada vez que se veía en la necesidad de promocionar un disco o una gira. La hemeroteca atesorada por el músico barcelonés es lo más parecido a un estercolero ideológico que uno pueda encontrar en el Rock. Pero no en su Rock, sino en el Rock de verdad: el que a Loquillo le queda grande.

Vaya por delante que estoy totalmente a favor de que cada uno piense y diga lo que quiera, incluso cuando es incómodo. Lucho de manera individual y organizada para que en este país se respete la Libertad de Expresión, de Pensamiento y de Religión, esté o no de acuerdo con el uso que hagan los otros de ese derecho. Tampoco creo que a Loquillo haya que vetarle en ningún festival ni que deban cancelarse las fechas que tiene contratadas: estar a favor de lo contrario sería caer en el juego de los que quieren un mundo uniforme.

Soy consciente de que esta columna exige de cierto tiempo para ser leída, pero me parece necesario desmontar con argumentos a cualquier persona que se exprese en los términos que lo hace Loquillo, sobre todo si tiene tanta repercusión, sobre todo si lo hace desde la música, que es el lugar que habita, pero del que no es propietario. Sé que a él, de llegar a leerlas, no le van a afectar mis palabras, pero quizás sí logren hacer reflexionar a alguno de sus seguidores. Nunca es tarde para dejar de adorar a la persona equivocada.  

“Yo pertenezco a la primera generación de artistas españoles que pudo crear en libertad, y esto no se suele recordar. Desde entonces hemos avanzado mucho, pero en este país sigue sin haber conciencia de lo que significa la cultura. Muchos continúan pensando que los artistas somos unos cantamañanas y unos sinvergüenzas”. La entrevista empieza fuerte, con nuestro protagonista mirando siempre desde arriba, una actitud que no ha abandonado nunca, que yo sepa. Un músico, por el mero hecho de serlo, no es bueno ni malo para la Cultura de un país. Para contribuir a esa Cultura que menciona Loquillo, hay que mirar las acciones, no las declaraciones. En este sentido, nadie puede dudar de la aportación del catalán a la música española: 18 discos con sus grupos Los Intocables y Los Trogloditas, 12 discos en solitario, 7 recopilatorios, 29 singles, 6 libros. Entre tal cantidad de material, alguna canción que forma parte de la memoria colectiva, como Cadillac Solitario (1983) o La Mataré (1987). A la manera de todos los tramposos, Loquillo decidió crear un alter ego que le permitiera decir lo que José María Sanz Beltrán no se atrevía o no quería decir. Sin embargo, ese personaje ya es persona desde hace muchos años, precisamente porque José María Sanz Beltrán dejó de ser alguien para convertirse en Loquillo, cercenando la posibilidad de escudarse en el “no soy yo el que dice eso, es la persona de ficción” cuando no soplan vientos favorables. Tengamos esto en cuenta.

“Vi las luchas de los sindicatos de la Hispano Olivetti, que estaba a 100 metros de donde yo nací, y no las olvido. Otros no estuvieron allí, quizá por eso dicen lo que dicen. Hemos vivido tan bien los últimos 40 años que hemos perdido la memoria”. Un síntoma claro del envejecimiento es menospreciar el ahora y glorificar el ayer. La nostalgia por oposición es, además, una manera muy común de caer en la injusticia. De esta forma, Loquillo deslegitima todas las luchas sociales y culturales de los últimos 40 años. Otra vez hablando desde arriba, pero esta vez desde un arriba mucho más peliagudo: el de las personas que tienen dinero, que no necesitan de la movilización para mejorar su situación, que no miran con frecuencia la cuenta bancaria. A la superioridad moral de la contestación anterior se le añade ahora la superioridad social, un síntoma inequívoco del clasismo y de la falta de empatía, de solidaridad y de sensibilidad. Ninguna actitud hay más aborrecible que la del que alardea con orgullo su estatus. Coincide con que son estos los primeros en salir a protestar cuando las cosas no les van bien, cuando les tocan “lo suyo”.

“Por ejemplo, cuando oigo a los que dicen que hoy hay fascismo y no han visto a un fascista en su puta vida. Yo sí los he conocido. He visto a fascistas reventando manifestaciones con un hacha en la mano. Hoy se banalizan términos como fascismo, libertad de expresión, pensamiento único… Vivimos en los tiempos de la posverdad, que no deja de ser la mentira. Yo prefiero llamar a las cosas por su nombre, así no engaño a nadie”. Otro rasgo inequívoco del aprecio desmesurado que se tiene Loquillo reposa en la facilidad con la que se siente autorizado para determinar qué es o qué no es fascismo. Sin entrar en la discusión sobre lo apropiado o no de la terminología, negar en dos frases que estamos viviendo un retroceso brutal en las libertades en 2018 es de ser un cretino. En España se tortura, lo dice Amnistía Internacional. En España se aplica desproporcionadamente la Justicia, lo dice Amnistía Internacional. En España se censura, lo dice Amnistía Internacional. Puede que Loquillo se refiriera a que en España no hay campos de exterminio, que la esclavitud está abolida y que no hay juicios sumarísimo. En ese sentido es verdad que algo hemos avanzado. Personalmente, espero más de mi país. Loquillo no: para Loquillo está bien así porque, el que pasó de tocar en las fiestas del Partido Comunista, ahora mueve las caderas para Ciudadanos. Está bien, es una opción, pero no es la mía. Ser de Ciudadanos es ser de derechas y es dar la espalda a los compatriotas que peor lo pasan, mitad por indecencia mitad por una concepción a medida de la Justicia Universal. Me horroriza tener a Loquillo como compañero de oficio, pero seguiré luchando para que gilipollas desagradecidos como él tengan una pensión digna cuando no sean capaces de realizar su profesión.

“A mí me censuraron una canción en 1993, ‘Los ojos vendados’, que hablaba de las torturas en las cárceles, y no gobernaba el PP. Antes habían censurado a Las Vulpes por cantar ‘Me gusta ser una zorra’, y a Fermín Muguruza, y le quitaron el programa a Paloma Chamorro, y al Gran Wyoming. El problema, insisto, es que este país no tiene memoria”. Hay mucho recuerdo en el olvido. Y sí: la censura es una forma de represión. Sin embargo, ¿se puede comparar censurar una canción con sentencias firmes de cárcel por escribir letras que dicen “los Borbones son unos ladrones”? ¿Tenemos que soportar que desde nuestro propio gremio surjan esquiroles de casi dos metros de alto y sonrisita de medio lado que arrojen todavía más humillación y todavía más rabia a la situación que están viviendo compañeros como Valtonyc, Pablo Hasel o La Insurgencia?

“Me importa un pepino. Me preocupan más las amenazas a Coixet y a Serrat, porque los que ensalzan al rapero son los mismos que luego silencian lo otro. ¿Han censurado a un rapero? Por favor, que a todos nos han censurado 20 veces, ¿qué me quiere usted contar? Chico, si te arriesgas, te expones a que te partan la cara, esto ha sido siempre así. A este oficio se viene llorado de casa”. Ya ha salido el Premio Gordo, justo a mitad de la entrevista. Lo que todos esperábamos: la voz entre la multitud. El pensamiento binario en su máxima expresión. El pensamiento poco elaborado de Loquillo puede despistar, pero quiero dejarlo claro: se puede estar en contra de que metan en la cárcel a los raperos condenados Y TAMBIÉN de que amenacen a Coixet, a Serrat o a cualquiera SIN NECESIDAD de que te gusten las canciones por las que dichos artistas van a ser encarcelados. Y por si faltara algún ingrediente, ahí está el elemento estrella en todo drama español: el victimismo. El “a todos nos han censurado”, el “a este oficio se viene llorado de casa”. Solo por esto, si yo fuera fanático de Loquillo, quemaría sus discos y colgaría en redes la hoguera, para que se viera bien. Solo esta declaración anula cualquier cosa buena que haya podido haber hecho este artista en toda su carrera. Porque si después de 40 años de profesión, de experiencia, de vivencias, esto es lo que tienes que aportar, ya no queda duda: eres un estorbo y estás intoxicando el debate porque, además, las amenazas a Coixet y a Serrat no pueden ser comparadas con el caso de los raperos: ni vienen del mismo sector, ni tienen las mismas consecuencias. Identificar al opresor y defender al oprimido es tarea básica de los que se creen que vivir es un combate. Si uno no identifica con facilidad al opresor solo puede ser por un motivo: que lo tenga dentro.

Es sintomático que nadie, ni tan siquiera el hooligan de Rafael Hernando, ha tenido el valor de manifestar tanta desfachatez por el tema de las sentencias a los raperos. Pero Loquillo sí, que para eso es punk. Un punk que se enorgullece de hacerse fotos con Albert Rivera, líder de ciudadanos. Un punk de baratija, de los de a euro en cualquier chino. Un punk no punk. La posverdad, el fin de la Historia de Fukuyama, el eslabón perdido, la luz del faro. No hay nada de rebeldía en estas declaraciones. Solo hay desfachatez y conservadurismo. El camino que emprendió hace años Loquillo en busca de la derecha ideológica es la prueba de su escasa capacidad. Y por si el círculo no estuviera completo, tranquilo todo el mundo: también es taurino.

De todas formas, cuando a Loquillo le ha convenido estar del lado del hip hop para parecer guay, lo ha hecho sin despeinarse el tupé.

“No sé, yo tengo 57 años y no voy a criticar a los jóvenes. Cada uno, con su pan se lo coma. No soy ningún líder de masas, ni ningún profeta, ni voy tocando el pito para que la gente me siga. Defiendo lo mío y soy individualista, aunque el precio sea caerle mal a cierta gente o que mis canciones no suenen en ciertos sitios”. Cada vez que alguien asegura “defender lo suyo”, miente: nunca hay necesidad, salvo casos extremos, de defender nada. Loquillo no defiende lo suyo: Loquillo se aferra a un estatus y se inventa enemigos porque no concibe más mundo que el binario, una idea muy mafiosa de existencia: o estás conmigo o estás contra mí. No sorprende que sea conservador, claro. Pero sí ofende. Ofende que viva de la música y se cague en sus valores. Es precisamente por gente como él por la que muchos de nosotros tenemos que pasarnos la vida dando explicaciones: aunque cueste creerlo, a algunos no nos mueve solo el dinero. Algunos tenemos una idea más amplia, más inclusiva. Loquillo no cae mal a cierta gente por ser individualista: cae mal por ser gilipollas. Y por ser un chulo. Y por ser un machista. Además, en él se confirma una teoría que tengo, solo aplicable a los machos alfa como éste: si Loquillo midiera 20 centímetros menos, la boca la cerraría con más frecuencia. Hablar así solo lo hace la gente con superioridad física, no intelectual. Y sí, Loquillo tiene un cuerpo para darte un meneo y desorganizarte algunos huesos, y es probable que también tenga la polla como un antebrazo pero ¿cuál es su mérito? Ninguno. Lo único que tenía que haber hecho en estos 40 años no lo ha hecho: aprender de su privilegio y ser agradecido. Porque siempre hay alguien que lo ha pasado peor que tú y que ha servido de instrumento de cambio para el resto. Loquillo no, Loquillo es solo la cheerleader de los que mandan, inocuo y oxidado. Puede que en el 81, cuando a la democracia en España se le cayó el primer diente de leche, personajes como Loquillo eran necesarios para que la juventud empezara a ver las cosas en color, pero es curioso cómo ahora esa gente, entre los que incluyo a todos los que ya os imagináis, han ido convirtiéndose en una copia de lo que criticaban hace 40 años.

“Nunca he creído en las canciones que aspiran a salvar el mundo. Yo vengo del punk, soy tocapelotas por naturaleza y he crecido con mi generación. Quien haya crecido con John Lennon tendrá su paz, su amor y todo eso. El punk es otra historia, otro relato”. Yo estoy en contra de dar carnets en la música. Me parece bien que cualquiera se anote bajo el epígrafe del punk, del reggae, del rap, de la copla. La música quizás no cambie el mundo, pero da mucha fuerza a la gente, la une, transmite ideas y valores y acompaña más de lo que acompañan otras artes. La música como bien de consumo es otra cosa, y Loquillo se lo sabe bien. Dice venir del punk, pero en el camino se le olvidó que es muy poco punk sentarse a hablar con Inocencio Arias mientras te paga el Banco de Sabadell para hacer publicidad. Un Banco de Sabadell que no es un banco amable con la gente que no tiene dinero. Un banco que hace lo que hacen los bancos. Un banco que no se ha escondido nunca y al que el bueno de Loquillo no tuvo reparos en chupársela de rodillas, como es su costumbre. Insisto en que todo el mundo tiene derecho de autoproclamarse lo que quiera. Pero el punk no es eso, no engañemos a los jóvenes. Hoy leí un tuit con el que estoy muy de acuerdo: “Rock And Roll actitud es Woodie Guthrie matando fascistas con su guitarra, es Johnny Cash tocando en la prisión de Folsom, son los Stones escribiendo un tema para Angela Davis, es Patti Smith suspendiendo un concierto en Madrid porque hay convocada una huelga general, es Joe Strummer rasgando sus últimos acordes para los bomberos de Londres en huelga. Lo tuyo es necedad servil”.

“De decir que no. Poder decirlo es la hostia. Me siento orgulloso de mi independencia, de haber hecho mi propio camino, de no depender de las subvenciones, de haber hipotecado mi casa las veces que hizo falta sacar un disco. También me siento orgulloso de haber dignificado, en lo posible, este trabajo, y de hacer que el rock español rompiera barreras. Soy hijo de la Barcelona de Los Sirex, Los Salvajes y Los Cheyenes. Por cierto, una Barcelona nunca reconocida”. Otra mentira, muy en la línea de un discurso lleno de trampas: la carrera discográfica de Loquillo siempre ha tenido una constante, las multinacionales. Actualmente tiene contrato con Warner Music. Me suena raro que haya tenido que hipotecar su casa varias veces para sacar un disco porque desde muy pronto Loquillo ha tenido éxito, ha cobrado de SGAE, ha tenido contratos discográficos y porque, amigos, grabar un disco no es lo más caro que puede hacer un ser humano. A lo mejor a Loquillo le cobran más por insoportable, porque me consta que no se le recuerda con alegría en algunos estudios por los que ha pasado, especialmente por su trato hacia su propia gente. Yo he grabado en, al menos, dos estudios donde ha grabado él y nadie ha sido capaz de decirme nada nunca nada bueno de Loquillo, salvo que canta bien. Si has cambiado la historia de la música, por volver a Johnny Cash, pero eres un miserable, quizás la gente piense “bueno, lo uno por lo otro”, pero si te dedicas a la falsificación, que es el verdadero oficio del Loco, no te puedes permitir ser un cabrón, porque te sostienes gracias a la gente, no a pesar de ella.

“Sí, totalmente. Aquí han sido reconocidas la rumba y la nova cançó, pero el rock de Barcelona, no, nunca, jamás. Ni creo que vaya a ocurrir. Porque no mola. El rock siempre ha sido políticamente incorrecto, nunca le ha bailado el agua al poder. En otros países, los pioneros del rock están considerados. Aquí nadie se acuerda de ellos”. El primer disco de Loquillo es de 1981. El primero de Elvis de 1956. ¿Pionero? ¿Pionero de qué? ¿Del rock? La apropiación indebida es delito en el mundo real. Es robar. Es quedarse con lo que no es tuyo. Yo no niego la importancia de Loquillo en la música de este país, pero ¿pionero? La Banda Trapera del Río ya llevaba, al menos, tres años dando conciertos y había editado su primer disco en 1979. También eran de Barcelona. Y hacían más ruido que Loquillo y los Intocables. Pero no: el pionero es él. La propaganda funciona: que se lo digan a los negacionistas del Holocausto. La propaganda se basa en la repetición y el de El Clot lo sabe bien: yo, yo, yo, yo, yo. No hay nada más poco interesante que alguien enamorado de sí mismo.

“Los discos de grandes éxitos significan ruptura o que no sabes qué hacer. Yo sé qué quiero hacer. A finales de este año grabaré un nuevo disco, a mitad del siguiente haré mi próximo álbum de poesía contemporánea y en 15 días saldrá mi tercera novela, ‘Las calles de Madrid’. La gira que empiezo en agosto va a ser espectacular. Soy la estrella más importante de este país y eso es una responsabilidad muy grande. Por mí y por la gente que me sigue”. Reconozco que no soy capaz de leer este párrafo sin sentir una profunda vergüenza, como de arcada que no sabes bien si culmina en la nariz o se queda en la garganta, impidiendo respirar. Dejando a un lado que Loquillo ha editado ocho recopilatorios (The Cure tienen solo un grandes éxitos y su trayectoria es más larga que la del rockero barcelonés) y lo del “álbum de poesía contemporánea”, una edición que así, a bote pronto, se me antoja rara en boca de un tipo que escribe cartas con esta prosa limitada, decir de uno mismo “soy la estrella más importante de este país y eso es una responsabilidad muy grande” es el dato definitivo que necesitaría cualquier terapeuta para hacer un diagnóstico completo de este egomaníaco. Por fortuna, los héroes no se eligen a sí mismos, ni tampoco lo son por más veces que lo repitan.

Es probable que todo esto sea un juego, que sea una broma. Que Loquillo en realidad sea un superdotado que lleva 40 años haciendo el troglodita porque, de otro modo, solo podría codearse con Leonard Cohen, Bob Dylan o Stephen Hawking, y estar ahí solo con ellos, siendo un español de chupa de cuero y carajillo para desayunar debe resultar desesperante. Puede que Loquillo solo haya creado este personaje para animar un poco el cotarro, porque nosotros somos unos aburridos descarriados que necesitamos la figura de un líder a quien seguir. O puede que no. Puede que el que se cree una figura como Jonny Hallyday en Francia, en el fondo sea un acomplejado ignorante, que vive únicamente gracias a los otros, que ha visto cómo hace años que se cayó la última hoja de sus ramas y que esté incubando una demencia que, seguro, tratará en una clínica privada porque es incapaz de mezclarse con el resto. Sea como fuere, Soziedad Alkoholika lo dijeron hace ya 25 años mejor que nadie: Y ese que tanto habla, está totalmente hueco, ya sabéis que el cántaro vacío es el que más suena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: